
No soy muy dada a escribir entradas como ésta: entradas manifestando opiniones, pensamientos, perspectivas o formas de ver la vida. Considero que son cosas que deberían hablarse en una conversación de tú a tú, conociendo a alguien directamente y permitiendo que ese alguien te conozca. El poner en palabras tales como las de un artículo de blog cuáles son tus ideales, sin ningún otro destinatario que la figura invisible del lector, puedes recurrir innecesaria e involuntariamente a la verborrea, nacida de la necesidad de que tu entrada quede bien y sea amena y legible para todos. En consecuencia, podrías embelesarte entre las teclas y acabar diciendo cosas que realmente no piensas, tan solo porque el resultado final es bonito e impactante. Por ello, siempre he querido evitar caer en eso y activar sin desearlo alguna clase de egolatría.
Pero hoy y ahora mismo en particular, me encuentro bastante inspirada con un tema en cuestión: el racismo. Dicho de otro modo, estoy bastante cabreada con él. ¿Conocéis la expresión "si me muerdo la lengua me enveneno"? En este caso, o escribo esto o acabo arrancándome las uñas de cuajo dándole vueltas y más vueltas al asunto. Y la sangre no casa demasiado bien con la pantalla de un portatil.
Antes de empezar a explicar el motivo de mi cabreo, veo bastante vital iniciar la cosa con una oposición de términos que a menudo se confunden:
Humor negro vs. Racismo
Y quien dice racismo, en este caso, también puede decir homofobia, machismo, u otras clases de inmoralidades a cual más "divertida". Sin embargo, no son los temas que me ocupan hoy. Pongámonos a definir: ¿qué es el humor negro? Una forma de humor, eso está claro; una forma de reírse, pero no sanamente, sino de las desgracias ajenas o bien de las características innatas y fisiológicas de una persona. O tal vez de catástrofes naturales, también pueden servir. En definitiva, el humor negro consiste en la risa nacida de la crueldad, pero no basta con eso: tienes que ser astuto y listo, y manejar muy bien el sarcasmo y la ironía para que la cosa funcione.
Bien, voy a aclarar una cosa: me encanta el humor negro, y yo soy la primera que suele reírse de chistes ingeniosos sobre muerte, destrucción e incluso los temas antes mencionados. Soy mujer y hay chistes machistas bastante hardcore y tocapelotas que en vez de ira me suelen arrancar una carcajada. Pensaréis, pues, "¿adónde quiere ir a parar ésta?, ¿por qué le cabrea el racismo de esa forma si ella misma acaba de admitir que se ríe de él?" Pues porque en todo, es ley de vida, existen unos LÍMITES, que sólo aquellos con un mínimo de sensibilidad, madurez e inteligencia saben ver.
Explicado esto, ahora sí, dejaré de teneros en vilo (mira, a esto es a lo que me refería antes: realmente sé que no estáis en vilo y que solo cuatro gatos se leerán al completo mi entrada, ¿pero a que queda muy bien eso de "en vilo"?). ¿Que qué es lo que me cabrea? Me cabrean los racistas de verdad: aquellos que basan su forma de pensar en el menosprecio absoluto hacia otras razas que ellos consideran inferiores, independientemente de su calidad como personas y de su (muchas veces) amplio abanico de conocimientos y experiencia. Me jode sobremanera la crueldad gratuita en momentos en los que no tiene cabida. Me toca mis cojones inexistentes la carencia total y absoluta de empatía; una persona puede tenerla en mayor o menor medida, pero no tenerla en absoluto... buf, eso ya es bastante grave. Todo eso me enerva bastante, pero no llega a sacarme de mis casillas del todo... no, lo que realmente activa mis ansias asesinas es el hecho de que esas mismas personas, cuando te atreves a decirles algo, te sueltan siempre la misma frase: "es que no tienes sentido del humor".
Recibamos con aplausos tan magnífica muestra de doble moral, estupidez e hipocresía.
Ya lo habréis concluído vosotros solos, pero sí: lo que más me jode es quien se escuda con excusas vanas, a cual más absurda, solo para no admitir algo evidente. Hijo mío, si eres racista, al menos dilo; sí, te lloverán críticas y desprecios, el mío el primero, pero por lo menos no añadirás tu estupidez innata a tu enorme lista de defectos. Porque no sé si eres muy consciente de ello, pero el tirarte todos los días de tu vida buscando a conciencia imperfecciones en sudamericanos, negros, chinos y moros; o el hacer chistes crueles incluso de aquellos que te dirigen la palabra y tú ignoras, y que demuestran ser más listos y más hábiles que tú en muchas cosas; o el limitarte a insultarlos por placer y con rabia sin ni siquiera utilizar el ingenio como arma básica para hacer reír a otros... no, todo eso no es humor negro. Eso es simplemente que eres un gilipollas.
Amigo mío, que nunca serás realmente mi amigo: si no sabes reconocer esos límites que ya he mencionado antes, y no eres capaz de distinguir en qué momento se debe bromear y en cuál no, o directamente eres incapaz de tratar con una persona que no pertenezca a tu blanca y occidental raza superior, reflexiona mis palabras. O no lo hagas, me da igual. Más bien puedes tirarte por un balcón o retozar en el barro con los cerdos, que tanto me da: eso también haría que me hormiguearan las tripas. Pero no de ganas de vomitar, sino de placer.
Otros pueden estar descojonándose ahora mismo y estar pensando que soy más estirada que un insecto palo. A ellos, como diría el señor Anderson, puedo simplemente dejarles ver mi dedo:
Esperando no haber aburrido a nadie con este desahogo, casi escrito más para mí misma que para otros, me despido por hoy. Hasta la próxima... en un lejano, muy lejano, futuro.
