El pasillo era la caja
resonadora de los pasos que se apresuraban en una cadencia rítmica y
continuada, rumbo a ningún destino concreto. Unos entrecortados
jadeos acompañaban en aquella actuación musical improvisada. Podría
decirse que el expectante silencio se llenaba de aquella combinación
extrañamente armónica, pues formaba un todo incompatible con el
vacío y con la ausencia de sustancia.
Un hombre giró la
esquina y se dejó ver a la luz parpadeante y tenue del mugriento
escenario. La variada pintura roja, verde, azul, negra e infinita del
graffiti patinaba sobre las paredes como un profesional danzando
sobre el hielo en un sucedáneo de pesadilla, pues eso es lo que era
al lado de las vivencias del protagonista. Él se confundía con el
sombrío entorno; no era más que una brisa fugaz de viento que
arrastraba ese “algo” que crees ver cuando avanzas distraído por
la calle pero que desaparece cuando intentas fijar tu vista en ello.
Un cartel oxidado y
desgastado colgado junto al ascensor rezaba en letras negras “3º
B”. Ni lo miró: conocía de él cada línea y cada detalle
insignificante.
La cara resplandecía en
sudor. Los labios cuarteados se entreabrían para cederle cortés
paso a los jadeos anteriormente mencionados. Unos ojos vidriosos
mostraban tal grado de terror que el brillo febril había terminado
por ahogar el color original, a saber cuál.
Miró tras él; ahí
estaban, los ojos eternos de su perseguidor. Parecía joven e
inocente, pero él sabía muy bien que no lo era, pues no hay mayor
malevolencia que la que nace de una ignorancia egoista. Y corría, y
corría, siendo consciente de que la cacería nunca llegaría a su
fin; sabiendo de antemano que cuando el cazador de nuevo así lo
deseara, reiniciaría la tortura haciendo uso de la rueda eterna que
no cesaba nunca, una vez había empezado a girar.
Gritó a medias sin dejar de
correr, sin saber exactamente por qué la vida lo había condenado a
una tarea ebria de tanta angustia y buscando una vez más, sin éxito,
una solución; una vía de escape.
Fuera, el niño suspiró
también y apagó la tele. Ya había visto esa película demasiadas veces y
estaba cansado de aquella escena. Descansaría de ella un tiempo.

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