¿Quién
dijo que saltar de nube en nube era una cosa sencilla? A lo mejor
para un pájaro, seguramente para un avión e incluso se atrevería a
decir que para Supermán. Los humanos eran siempre los pringaos,
los que tenían que romperse los cuernos ideando soluciones
ingeniosas para conseguir hacer algo decente. Se decía que era la
raza hegemónica, pero una raza hegemónica no debería jadear
exhausta, como nuestro protagonista, ni nadar en un mar de sudor,
también como nuestro protagonista. Ah, ni apoyarse en un palo. Lo
del palo era especialmente humillante.
Pero
bueno, él era un aventurero. ¡Y los aventureros nunca se rendían!
A saber cuántas veces se había dicho eso ya. Ahora mismo escalaba,
según sus cuentas, la nube número setenta y cinco. Había iniciado
el ascenso siendo un hombre en su estado evolutivo máximo, un hombre
erguido, un Homo Sapiens de los de verdad. Sin embargo, poco a poco
había ido involucionando hacia lo que él prefería denominar “Homo
Ele”, porque más inclinado en forma de L por el agotamiento y la
enorme mochila de acampada no se podía estar.
-
Una pierna... - decía,
adelantando la susodicha - Otra pierna... ¡Vamos, Andrés, tú
puedes!
Bueno,
al menos era optimista. Y español. Eso último no era habitual en
empresas de este tipo, sin contar al señor de los molinos de viento.
Se
estaba preguntando si estaría condenado a ver sus pies hundiéndose
en la superficie vaporosa para siempre cuando, quién lo iba a decir,
alcanzó su destino. Al principio pensó que eran alucinaciones
suyas, que aquel maldito rayo de sol que lo cegaba no procedía de
ninguna otra superficie reflectante. Sin embargo, la luz se
intensificó, y empezó a pensar en la posibilidad de que no fuese
una ilusión.
Alzó
los ojos sin demasiadas esperanzas y la vio: una enorme verja doble
de oro que se extendía hacia el infinito en todas direcciones.
Desencajó el rostro y empezó a reírse como un loco. ¿Sería
verdad? ¿Se convertiría en el primer ser humano vivo que atravesaba
las Puertas de San Pedro? Empezó a correr con la energía renovada
por el entusiasmo. Le sorprendió no encontrar resistencia mientras,
irreflexivo e incauto, traspasaba la verja. Recorrió un pasillo
largo y no tardó en divisar las escaleras. Aceleró la marcha con
una enorme sonrisa infantil...
...Y
se detuvo, borrándola de golpe.
Las
escaleras estaban cubiertas de polvo, como si llevasen mucho tiempo
sin usarse. Una enorme cadena de metal oxidada cerraba el acceso de
lado a lado y un cartel rectangular muy grande se balanceaba en
medio. Andrés caminó hacia el cartel y entornó los ojos, haciendo
denodados esfuerzos por leer lo que ponía. Después, quiso no
haberlo hecho.
“FOR
SALE”
Iba
seguido de un breve mensaje traducido, en letra diminuta, a todos los
idiomas de la Tierra; y con todos nos estamos refiriendo a todos.
Tardó un rato largo en encontrar el suyo:
“¡Nos hemos mudado a otro
universo! Lamentamos las molestias que hayamos podido causar. Si
estás muerto, no temas, nos encontrarás
allí, ya sabes dónde.
Si no estás muerto, vete con viento fresco, que no eres el primero
que lo intenta. ¡Un saludo y gracias por tu tiempo!
~ P.
PD: Todavía puedes seguirnos en
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Se
cuenta que el palo fue la primera víctima de la ira de Andrés.
Cuento creado para el evento "Viaje, amor y muerte" (Paseo de los flamboyanes)

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